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Demasiado agasajados

Este 7 de junio, al conmemorarse una vez más el Día del Periodista, han sido variadas las salutaciones e invitaciones para participar de diversos agasajos que se organizaron para los periodistas.

Independientemente de la posibilidad de debatir acerca de la tarea periodística, a veces confundida con el mero hecho de trabajar en un medio de comunicación, es llamativo el auge que ha tomado esta práctica entre las más diversas instituciones.

Es público y notorio que la actividad periodística tiene una estrecha relación con el éxito o el fracaso de los más diversos emprendimientos.

Tal vez sea esa la explicación de tanto agasajo. Hay, en ello, saludos sinceros y velados intentos de cooptar la conciencia de los periodistas para mejorar la imagen de funcionarios, gobiernos, empresas, instituciones.

Tal vez no haya sido acertado que el periodismo participe de un almuerzo convocado por el gobierno municipal, que se pagó con dinero de todos los contribuyentes.

Sobre todo cuando uno se pregunta, ¿por qué el gobierno comunal no invita a un almuerzo a los estudiantes en su día, a los trabajadores, a los propios empleados municipales, a los maestros, a los padres?

Pero a no confundirse. Esa pequeña desviación a la que todos –o casi todos, para ser justo– nos vimos tentados no modifica en absoluto el compromiso con la tarea y la búsqueda de la verdad. La aclaración parece evidente, pero sin embargo no lo es para los propios interesados que a veces pergeñan pequeños privilegios para tratar de comprar una opinión favorable o, lo que es peor, un silencio cómplice.

El trabajo del periodista está mal pago. Los dolores de cabeza son más habituales que los reconocimientos. Y el terreno es propicio para aflojar a las tentaciones.

Por eso hay mercenarios dentro de la actividad, y hay muchos otros que se ven obligados a conducir un remis, otros que realizan tareas administrativas, hay periodistas que venden ropa. Alcanzan los dedos de una mano para contar los periodistas que viven de su profesión.

Poca gente lo sabe. Por eso en estos tiempos, en esta ciudad, dedicarse al periodismo tiene mucho más de apostolado que de rédito.

Un pequeño clic en alguna cabeza alcanza para saber que se ha cumplido con la tarea, aunque ello haya significado perder horas de sueño, correr entre un trabajo y otro, o resignar calidad de vida por abrazar esta profesión.

Un periodismo timorato

Pierre Rimbert - Para Le Monde Diplomatique (fragmento)

En todas partes, mantener la rentabilidad implica aumentos de productividad y una mayor concentración del capital. Exigencias que repercuten inmediatamente en las empresas de prensa bajo la forma de eliminación de puestos, incremento de flexibilidad y polivalencia. A igual salario, cada vez más periodistas están obligados a sumar a su trabajo el uso de programas de edición o compaginación, la redacción en línea, la animación de foros de discusión, e incluso el manejo de una cámara para alimentar la sección "video" del sitio internet. En estas condiciones, no es recomendable perder el tiempo en el terreno. "Mejor permanecer en la oficina, leer un buen informe, conocer un documento, hacer investigaciones en internet que correr micrófono en mano a La Courneuve", recomendaba el presidente de Radio France, Jean-Paul Cluzel, en junio de 2005.
El regreso de cierta combatividad en las empresas de prensa se debe finalmente a la disminución del empleo. El Presidente del Foro de Sociedades de Periodistas, François Maly señala que "en caso de desacuerdo, los periodistas ya no pueden dejar el diario para ir enfrente, porque ya no hay un enfrente". En efecto, la tormenta no se abate solamente sobre el ejército de reserva de periodistas precarios que tradicionalmente amortigua los embates del mercado: golpea a los empleados estables, en el corazón de las redacciones.


Un periodismo timorato
Una investigación realizada en 2006 por la Federación Internacional de Periodistas sobre los sindicatos de 38 países concluyó que "el empleo en los medios de comunicación se precarizó, se volvió más inseguro, más pesado (...) En el mundo entero, existe una tendencia a la privatización de los medios de comunicación del Estado; los periodistas experimentados son reemplazados por jóvenes recién recibidos, a menudo empleados por tiempo determinado". Para la mayoría de los organismos consultados, "la inseguridad del empleo produce un periodismo timorato" y genera "la decadencia del periodismo crítico y de investigación", mientras que "la concentración de los medios de comunicación y las presiones gubernamentales conducen a un empobrecimiento de la información".