ENTREVISTA A ELISEO VERON, SEMIÓLOGO
· ¿Por qué la televisión tiene tanta incidencia en algunos casos y tan poca en otros?
—Depende de muchas variables. Hay que analizar cada caso y no responder en general. Probablemente en México, por ejemplo. donde estuve una semana antes de las últimas elecciones, hubo cosas sí que fueron importantes. Creo que en la derrota de López Obrador incidió el hecho de que en las primera fase del debate político en TV, él no fue. Fueron todos los candidatos y el decidió no debatir. Bien, en ese caso creo que su ausencia tuvo una incidencia negativa para él. Pero aquí, en la Argentina, en las últimas elecciones el rol de la televisión fue 0.
· ¿Quién construye el acontecimiento: los medios o la gente?
—Es la gente la que construye. Los medios pueden coincidir con esa construcción, o contradecirla, o a veces anticipar fenómenos. Depende de los medios.
· ¿Argentina es un país evolucionado en términos mediáticos o no?
—Hay que hacer un poco de historia y situar el análisis. La Argentina se atrasó enormemente desde el momento en que los militares tomaron directamente el control de la televisión, cuando las diversas fuerzas se repartieron los canales. Eso fue un desastre inenarrable. A diferencia de Brasil, por ejemplo, que sufrió la dictadura claro, pero los militares no se apropiaron de los medios, no afectaron el sistema de la televisión como acá.
· Pero allí había censura como había aquí.
—Había censura sí, pero por ejemplo, la Rede Globo siguió emitiendo con poder propio. La Argentina fue tierra arrasada a nivel de la televisión. Los diarios intentaron pasar la tormenta como pudieron. Ahora, en estos momentos, la TV, técnicamente, es muy buena. No hablo de los contenidos, sino de la infraestructura tecnológica.
· ¿Qué piensa de un fenómeno como el de los blogs?
–Es un género nuevo. Es muy interesante y enriquecerá el mundo de las comunicaciones. Claro que debe estabilizarse. Sé que en los Estados Unidos hay muchos blogs excelentes, en general realizados por periodistas profesionales. Los mejores son los hechos por quienes manejan las disciplinas periodísticas tradicionales.
· Algunos profetizan un futuro arduo para los medios impresos a partir de la explosión de Internet. ¿Coincide?
—Hay una larga tradición de procedimientos, rutinas y modalidades de trabajo que acompañaron una enorme parte de la tarea periodística durante muchísimo tiempo. Esa tradición está en crisis porque los soportes están en crisis. Aunque yo espero fervientemente que no desaparezca la posibilidad de leer en el diario impreso lo que ha sucedido en el mundo el día anterior de acuerdo a una organización en la que haya una nota de tapa por ejemplo y una suerte de jerarquización de las noticias. En fin, cuando surgió la televisión, irrumpió pero desestabilizó menos al periodismo escrito de lo que se suponía. Desde lo gráfico hubo primero cierto desprecio por la TV, y una multitud de prejuicios contra ella. Pero a la vez, los medios gráficos intentaron parecerse a la TV. Recuerdo que en Francia se intentaban editar páginas de los diarios con la idea de que los lectores hicieran zapping con ellas. ¿Que significó eso? Esa mimetización no fue buena. Lo que no se ha hecho es discutir sobre el poder analítico que tienen los diarios. Lo tienen los diarios y no lo tiene por sus características la televisión.
· La televisión a la vez afronta una situación de cambio radical.
—La TV que conocemos desaparece. Y la gente de la industria de la televisión lo sabe bien. La informática, el universo audiovisual y las telecomunicaciones en general van a ser una sola cosa. Se termina lo que llamamos el broadcasting, la emisión organizada centralmente.
· ¿En qué se basa para realizar una afirmación tan contundente?
—Un punto de inflexión fue la aparición de la CNN. Hasta entonces, en la televisión histórica el presentador de un noticiero sabía que durante el mediodía tenía determinada audiencia, y el presentador de la noche sabía que tenía otro público. La CNN llega a un señor en Japón que está desayunando, mientras que en California está cenando. Tiende a diluirse el concepto de programación tradicional. La televisión histórica funcionó en base a la programación. Aún la CNN conserva algo así como una programación. Pero en muy poco tiempo, cada uno podrá ver el producto "televisivo" que quiera en el aparato que quiera. No va a haber mas grillas de programas. No va a haber más rating.
Publicado en Clarín: http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/09/03/z-01264140.htm
"Ver mucha TV no ayuda al éxito escolar"
Un informe para el debate
Los acostumbrados a mirar antes de los tres años y los que tienen un aparato en la pieza rinden menos. Además, aquellos menos expuestos durante la niñez tienen más posibilidades de terminar la universidad. Lo prudente es que no dediquen a la televisión más de una o dos horas diarias
STANFORD Y CHICAGO (Estados Unidos).- ¿Quiere mejorar las notas de su hijo? Podría empezar sacando la televisión -que seguramente tiene un lugar de honor- del cuarto del pequeño y enchufando una computadora.
Tres nuevos estudios que se publican hoy en la revista científica Archivos de Medicina Pediátrica y del Adolescente, arrojan más evidencias sobre los efectos –al parecer nada beneficiosos– que la televisión tiene en el desarrollo cognitivo infantil.
El primero fue realizado por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford y de la Universidad Johns Hopkins. Indica que los chicos de alrededor de 9 años que tienen una TV en su habitación obtienen resultados significativamente más bajos en pruebas estandarizadas que sus compañeros que no tienen. Por el contrario, aquellos que tienen acceso a la computadora familiar obtienen mejores notas. Las diferencias persisten más allá del tiempo que los estudiantes dediquen a las tareas para el hogar.
"Este estudio ofrece más evidencia de que los padres deberían sacar la TV del cuarto de los chicos o directamente no ponerla", afirmó Thomas Robinson, profesor asociado de pediatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford.
Robinson colaboró con la doctora Dina Borzekowski en el análisis del rendimiento de alrededor de 400 chicos de tercer grado a lo largo de un año en escuelas primarias del norte de California. Borzekowski trabaja en la Escuela Bloomberg de Salud Pública en la Universidad Johns Hopkins.
Ellos encontraron que el 70% que afirmaba tener una televisión en su cuarto, obtenía entre siete y nueve puntos menos en las pruebas estandarizadas de matemática, lectura y lengua que sus compañeros que no tenían. Por el contrario, los que tenían acceso a la computadora hogareña obtenían entre siete y nueve puntos más. Los mejores puntajes eran para los que tenían acceso a la computadora y no tenían TV en su habitación. Estos hallazgos se mantuvieron incluso cualesquiera fueran la educación de los padres, el género del chico y la cantidad de horas que pasaban frente al aparato de TV por semana.
Sorprendentemente, los estudiantes que afirmaban ver más horas también decían pasar más horas haciendo deberes y leyendo que chicos con menos exposición. Los científicos piensan que la explicación puede ser que los chicos que tienen TV en el cuarto duermen menos o que los padres que prohíben la TV en el cuarto pueden estar más involucrados en la educación de sus hijos.
Antes de los tres añosEl segundo trabajo llega a la conclusión de que ver sostenidamente televisión antes de los tres años puede tener efectos adversos en el desarrollo cognitivo posterior de los chicos.
Frederick J. Zimmerman y Dimitri A Christakis, de la Universidad de Washington en Seattle, analizaron datos del Estudio Longitudinal de la Juventud, que comenzó en 1986 y se realiza bianualmente en chicos nacidos en 1979. Este estudio reúne información de más de 11.000 niños e incluye evaluaciones de desarrollo y datos sobre el entorno familiar y la historia clínica.
En este caso, los investigadores analizaron datos de 1797 chicos de alrededor de seis años durante cuatro de los más recientes estudios. Compararon las notas obtenidas en un test estandarizado en matemática, lectura y comprensión de texto con el número de horas dedicadas a mirar televisión antes de los tres años, y entre los tres y los cinco.
"El análisis mostró un patrón consistente de asociaciones negativas entre mirar televisión antes de los tres años y resultados cognitivos adversos a los seis o siete -informan los autores-. [...] Estas asociaciones podrían ser directa o indirectamente causales. "
"Por otro lado, sugiere que ver televisión entre los tres y los cinco años tiene un efecto beneficioso, por lo menos en reconocimiento de la lectura y memoria de corto plazo", afirman más adelante, aunque agregan que no encontraron efectos beneficiosos en matemática o comprensión de la lectura.
Según este trabajo, el efecto de la televisión a una edad muy temprana varía según la edad: para chicos muy pequeños es negativo, mientras que para los preescolares podría ser positivo, al menos en algunos dominios.
Efectos tardíos
Un tercer trabajo se concentra en la relación que existe entre el hábito de mirar televisión en la niñez y el éxito académico en la universidad.
Robert J. Hancox, de la Universidad de Otago, Dunedin, en Nueva Zelanda, condujo un estudio de largo plazo en alrededor de 1000 chicos nacidos entre 1972 y 1973. La información acerca de sus hábitos televisivos se reunió cuando tenían cinco, siete, nueve, once y trece años. Y aquella sobre su rendimiento académico, a los 26.
Las conclusiones indican que aquellos que miraban más televisión durante la niñez y la adolescencia tuvieron menos posibilidades de terminar la escuela u obtener un título universitario.
"Los resultados de este estudio indican que las horas que se dedican a ver televisión durante la niñez y la adolescencia se asocian con un menor nivel educativo en la juventud -escriben los autores-. Estos efectos serían independientes de la inteligencia, el status socioeconómico familiar y los problemas de conducta en la niñez."
"Estos hallazgos muestran que el efecto general de la televisión no es beneficioso en términos de logro educativo -agregan-. Todavía resta determinar sus mecanismos, pero los hallazgos respaldan el consejo de la Academia Americana de Pediatría de limitar a una o dos horas diarias el tiempo dedicado por los chicos a ver televisión."
Fuente: Diario LA NACION
Los acostumbrados a mirar antes de los tres años y los que tienen un aparato en la pieza rinden menos. Además, aquellos menos expuestos durante la niñez tienen más posibilidades de terminar la universidad. Lo prudente es que no dediquen a la televisión más de una o dos horas diarias
STANFORD Y CHICAGO (Estados Unidos).- ¿Quiere mejorar las notas de su hijo? Podría empezar sacando la televisión -que seguramente tiene un lugar de honor- del cuarto del pequeño y enchufando una computadora.
Tres nuevos estudios que se publican hoy en la revista científica Archivos de Medicina Pediátrica y del Adolescente, arrojan más evidencias sobre los efectos –al parecer nada beneficiosos– que la televisión tiene en el desarrollo cognitivo infantil.
El primero fue realizado por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford y de la Universidad Johns Hopkins. Indica que los chicos de alrededor de 9 años que tienen una TV en su habitación obtienen resultados significativamente más bajos en pruebas estandarizadas que sus compañeros que no tienen. Por el contrario, aquellos que tienen acceso a la computadora familiar obtienen mejores notas. Las diferencias persisten más allá del tiempo que los estudiantes dediquen a las tareas para el hogar.
"Este estudio ofrece más evidencia de que los padres deberían sacar la TV del cuarto de los chicos o directamente no ponerla", afirmó Thomas Robinson, profesor asociado de pediatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford.
Robinson colaboró con la doctora Dina Borzekowski en el análisis del rendimiento de alrededor de 400 chicos de tercer grado a lo largo de un año en escuelas primarias del norte de California. Borzekowski trabaja en la Escuela Bloomberg de Salud Pública en la Universidad Johns Hopkins.
Ellos encontraron que el 70% que afirmaba tener una televisión en su cuarto, obtenía entre siete y nueve puntos menos en las pruebas estandarizadas de matemática, lectura y lengua que sus compañeros que no tenían. Por el contrario, los que tenían acceso a la computadora hogareña obtenían entre siete y nueve puntos más. Los mejores puntajes eran para los que tenían acceso a la computadora y no tenían TV en su habitación. Estos hallazgos se mantuvieron incluso cualesquiera fueran la educación de los padres, el género del chico y la cantidad de horas que pasaban frente al aparato de TV por semana.
Sorprendentemente, los estudiantes que afirmaban ver más horas también decían pasar más horas haciendo deberes y leyendo que chicos con menos exposición. Los científicos piensan que la explicación puede ser que los chicos que tienen TV en el cuarto duermen menos o que los padres que prohíben la TV en el cuarto pueden estar más involucrados en la educación de sus hijos.
Antes de los tres añosEl segundo trabajo llega a la conclusión de que ver sostenidamente televisión antes de los tres años puede tener efectos adversos en el desarrollo cognitivo posterior de los chicos.
Frederick J. Zimmerman y Dimitri A Christakis, de la Universidad de Washington en Seattle, analizaron datos del Estudio Longitudinal de la Juventud, que comenzó en 1986 y se realiza bianualmente en chicos nacidos en 1979. Este estudio reúne información de más de 11.000 niños e incluye evaluaciones de desarrollo y datos sobre el entorno familiar y la historia clínica.
En este caso, los investigadores analizaron datos de 1797 chicos de alrededor de seis años durante cuatro de los más recientes estudios. Compararon las notas obtenidas en un test estandarizado en matemática, lectura y comprensión de texto con el número de horas dedicadas a mirar televisión antes de los tres años, y entre los tres y los cinco.
"El análisis mostró un patrón consistente de asociaciones negativas entre mirar televisión antes de los tres años y resultados cognitivos adversos a los seis o siete -informan los autores-. [...] Estas asociaciones podrían ser directa o indirectamente causales. "
"Por otro lado, sugiere que ver televisión entre los tres y los cinco años tiene un efecto beneficioso, por lo menos en reconocimiento de la lectura y memoria de corto plazo", afirman más adelante, aunque agregan que no encontraron efectos beneficiosos en matemática o comprensión de la lectura.
Según este trabajo, el efecto de la televisión a una edad muy temprana varía según la edad: para chicos muy pequeños es negativo, mientras que para los preescolares podría ser positivo, al menos en algunos dominios.
Efectos tardíos
Un tercer trabajo se concentra en la relación que existe entre el hábito de mirar televisión en la niñez y el éxito académico en la universidad.
Robert J. Hancox, de la Universidad de Otago, Dunedin, en Nueva Zelanda, condujo un estudio de largo plazo en alrededor de 1000 chicos nacidos entre 1972 y 1973. La información acerca de sus hábitos televisivos se reunió cuando tenían cinco, siete, nueve, once y trece años. Y aquella sobre su rendimiento académico, a los 26.
Las conclusiones indican que aquellos que miraban más televisión durante la niñez y la adolescencia tuvieron menos posibilidades de terminar la escuela u obtener un título universitario.
"Los resultados de este estudio indican que las horas que se dedican a ver televisión durante la niñez y la adolescencia se asocian con un menor nivel educativo en la juventud -escriben los autores-. Estos efectos serían independientes de la inteligencia, el status socioeconómico familiar y los problemas de conducta en la niñez."
"Estos hallazgos muestran que el efecto general de la televisión no es beneficioso en términos de logro educativo -agregan-. Todavía resta determinar sus mecanismos, pero los hallazgos respaldan el consejo de la Academia Americana de Pediatría de limitar a una o dos horas diarias el tiempo dedicado por los chicos a ver televisión."
Fuente: Diario LA NACION
Conferencias de prensa para todos
FOPEA pide que los candidatos se comprometan a brindar conferencias de prensa, acceso a la información, legislación sobre el reparto de la pauta oficial y pluralismo en los medios públicos. Un pedido que incomoda a intendentes y al Gobernador.
De la serie "Notas publicadas en la web"
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Una sana costumbre: denunciar los casos de corrupción en el Estado
Un médico cobró $8000 a un paciente por una cirugía en un Hospital público. Enteradas del caso, las autoridades exigieron la devolución del dinero a la familia y le prohibieron al profesional volver a atender allí. Por Adrián Pino.
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Edificios: atrapados sin salida
Concepción del Uruguay tiene al menos unos 30 edificios. Sólo unos pocos cumplen con los requisitos de seguridad para casos de evacuación. Bomberos reconoce que no está en condiciones de asistir un incendio en las alturas. *Por Adrián Pino
De la serie "Notas publicadas en la web"
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Lauritto, el “pato” de la pelea por 2015
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El acuerdo para entregar la Terminal de Concepción del Uruguay a los empresarios del juego
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Ranking de calidad de vida en Entre Ríos
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Encuentro Nacional de Carreras de Comunicación 2013: La censura en tiempos de democracia informativa
RESUMEN de la Ponencia de Adrián Pino - ENACOM 2013 - Río Cuarto, Córdoba)
En los tiempos que corren, desarrollar la labor periodística
en los medios de comunicación se ha vuelto una misión compleja. Además de los
desafíos profesionales que imponen los profundos cambios tecnológicos y las
modificaciones de las rutinas productivas que atraviesan los periodistas, el
entorno empresarial y político generan nuevas barreras a la libertad de
pensamiento que dificultan la expresión libre.
Como bien ha descripto recientemente Zigmunt Bauman, el
problema de la libertad en tiempos de modernidad líquida reside en la paradoja
de saber que “cuanta mayor es nuestra libertad individual, menos relevante
resulta para el mundo en el que la ponemos en juego” (Bauman, Mundo Consumo,
2009).
En el universo de los medios de comunicación, esta descripción
cobra un sentido de extrema actualidad ante los acontecimientos que deben
soportar quienes ejercen de forma plena la labor periodística.
El presente trabajo aspira a presentar un caso testigo
respecto a las formas que adopta la censura cuando la comunicación depende del
interés privado. A su vez, frente a la dinámica de intereses espurios que
dinamitan la libertad de expresión, es intención rescatar las experiencias
innovadoras y autogestivas de un grupo de jóvenes profesionales que abrieron su
propio espacio de comunicación y avanzan en la posibilidad de ejercer el
periodismo con la libertad que requiere la responsabilidad de comunicar asuntos
públicos.
Para obtener la ponencia completa, envía un mail a pinocomunicacion@gmail.com
"Reactivar la economía desde el agua" - Nota de Adrián Pino publicada en diario La Nación.
Muy lindos los anuncios de los funcionarios, así que en breve se viene la nota de "el día después de las promesas incumplidas".
Muy lindos los anuncios de los funcionarios, así que en breve se viene la nota de "el día después de las promesas incumplidas".
Gustavo Carbone, el último sabueso

Por Adrián Pino
Gustavo era de esos tipos que ya no quedan. Terco, persistente y, sobre todo, profundamente optimista. Así refundó uno de los medios de comunicación más plurales que hoy persisten en todo el periodismo argentino. Se fundió, se levantó, se volvió a tropezar decenas de veces y sin embargo nada pudo con su empeño y la pasión con que abrazó el periodismo.
Sabedor de los bueyes con los que araba, resistió los más duros embates: aprietes, represalias, intentos de "asfixia" económica con el jueguito de la pauta oficial y operaciones de toda cuantía. Aún en los momentos de mayor desesperanza, jamás perdió la lucidez ni bajó los brazos. Se mantuvo erguido, evitó arrodillarse y contestó con las mejores armas: la pluralidad, la apertura de micrófonos, la cesión de la palabra para decir con libertad, su bandera más preciada.
Emprendedor como pocos, sus ansias de consolidar un periodismo libre, soberano e independiente lo llevó a extender las fronteras de El Día más allá de lo imaginado, con la astilla que eso significaba para los que lo combatieron con ardides de baja estofa, con palos en la rueda, con chicanas que no hacían más que entusiasmarlo para redoblar los esfuerzos.
... El vacío es enorme, abismal. Pero en su partida nos dejó lo mejor de sus etapas: el entusiasmo de juventud (que lo acompañó hasta sus últimos días), la profunda vocación democrática que le demostró e inculcó a sus adversarios circunstanciales, y el ejemplo de una vida plena y sin medias tintas que nos contagió a quienes tuvimos el orgullo de compartir parte de sus días.
Se fue el último sabueso, aquel que gustaba olfatear donde hay que meter las narices, sin temor, con convicción y con pasión. Un periodista de raza al que nadie podrá decirle que alguna vez se hizo el distraído.
Taller de Periodismo y Derechos Humanos
“Los desafíos del Periodismo y la Escuela”
Con los talleres ya realizados en diferentes ciudades de la provincia, sigue adelante el Seminario-Taller "Periodismo y DDHH". Este año, la iniciativa que promueve la Subsecretaría de DDHH de Entre Ríos, pretende fomentar la capacitación y reflexionar junto a docentes y comunicadores acerca de la relación del periodismo con los Derechos Humanos.
El Seminario está a cargo del Licenciado Adrián Pino, jefe de redacción del Diario “El Día” de Concepción del Uruguay, quien aborda la relación de los medios de comunicación con la educación y la tutela de esos derechos. Este año, el Seminario está orientado al análisis de “los desafíos del periodismo y la escuela”, frente al actual mapa mundial de la información, la concentración de los medios y las nuevas formas de censura que impone el vigente sistema global, que afectan un derecho humano básico, fuente del ejercicio de otros derechos como es el acceso a la información.
A lo largo de este taller, ya son cientos los docentes y comunicadores que se capacitan en esta temática, pero fundamentalmente aportan sus propuestas y problemáticas locales referidas a la violación de los derechos humanos y el rol de los medios en cada comunidad.
Ya hay una extensa lista de actividades para el aula y los medios de comunicación que está siendo organizada por el capacitdor para conformar una base de información de acceso público que sirva de guía para docentes y comunicadores.
Por contactos e información: pinocomunicacion@gmail.com
Ser periodista
La maraña de noticias que nos envuelve cada día hace que la mirada sobre la realidad se transforme en una empresa cada vez más compleja. La vorágine informativa nos distrae, nos aturde, nos atormenta. ¿O alguien se acuerda acaso de los títulos del miércoles pasado? Ni hablemos de lo que aconteció hace un mes atrás.
En la construcción de la escena pública, una noticia tapa a la otra, un escándalo esconde al anterior y una ola de nimiedades inunda toda la escena para ahogar las escasas miradas profundas que intentaron bucear en la realidad.
Gran Hermano, los bailes, el caño y la tele que habla de la tele operan permanentemente como disuasor de la mirada crítica. El ojo avizor queda envuelto en nubes y niebla que hace vizcosa la percepción de lo que ocurre.
Ser periodista implica luchar contra todo eso. Requiere molestar, investigar, denunciar, reflexionar, analizar e interpretar.
El trabajo es solitario, arduo, incómodo, pero necesario.
Porque el desconcierto que reina nos quita un poco de libertad. Equivocamos el rumbo, erramos el diagnóstico, perdemos de vista al enemigo y confundimos a nuestros carceleros.
Más que nunca necesitamos de los Walsh, los Urondo, los Conti y tantos otros que luchan en silencio y nos enseñan a desentrañar esa maraña que nos asfixia. Nos enseñan a no bajar los brazos frente a las tentaciones de la comodidad, nos enseñan a molestar, a incomodar.
Nos enseñan, sobre todo, que el periodista debe abandonar el lugar de la neutralidad para abrazar las banderas del compromiso.
En la construcción de la escena pública, una noticia tapa a la otra, un escándalo esconde al anterior y una ola de nimiedades inunda toda la escena para ahogar las escasas miradas profundas que intentaron bucear en la realidad.
Gran Hermano, los bailes, el caño y la tele que habla de la tele operan permanentemente como disuasor de la mirada crítica. El ojo avizor queda envuelto en nubes y niebla que hace vizcosa la percepción de lo que ocurre.
Ser periodista implica luchar contra todo eso. Requiere molestar, investigar, denunciar, reflexionar, analizar e interpretar.
El trabajo es solitario, arduo, incómodo, pero necesario.
Porque el desconcierto que reina nos quita un poco de libertad. Equivocamos el rumbo, erramos el diagnóstico, perdemos de vista al enemigo y confundimos a nuestros carceleros.
Más que nunca necesitamos de los Walsh, los Urondo, los Conti y tantos otros que luchan en silencio y nos enseñan a desentrañar esa maraña que nos asfixia. Nos enseñan a no bajar los brazos frente a las tentaciones de la comodidad, nos enseñan a molestar, a incomodar.
Nos enseñan, sobre todo, que el periodista debe abandonar el lugar de la neutralidad para abrazar las banderas del compromiso.
Los pseudo bohemios
El resurgimiento del reggae como ritmo musical de raíz africana ha marcado una fuerte ascendencia entre los adolescentes de la Argentina.
Esta moda ha traído aparejada la aparición de una actitud pseudo bohemia por parte de algunos que adolescen –aunque ya no están en edad para ello– de ideas claras respecto de sus metas en la vida y terminan creando una imagen de si mismos que apenas si pueden sostener ante sus propios ojos.
Combinan ropas sueltas que mezclan la cultura hindú, los colores del África negra, el look de desidia que impuso la industria textil norteamericana y algún resabio de las culturas precolombinas en los accesorios, que se destacan por encima de las John Foos que se fabricaron con trabajo infantil y explotación.
Ese es el ropaje apenas que recubre una personalidad extraviada, que se disfraza de pseudo bohemia; dicen vivir “colgados” para no asumir responsabilidades, se muestran despreocupados por la vida material mientras pregonan la transformación del mundo.
Una transformación a la que creen aportar corriéndose del sistema, mientras alimentan los circuitos de consumo con cuanta cosa les ofrece el mercado.
Están confundidos: dicen adorar a Haile Selassie como si se tratara de un líder revolucionario, sin saber nada de este déspota etíope que aseguraba sin tapujos que “un rey no debe Jamás lamentar el uso de la fuerza”.
La confusión parece la norma y la apariencia, la necesidad.
Hablan de libertad, de elecciones de vida, cuando son prisioneros de esa imagen que ellos mismos se han creado. No se permiten bañarse muy seguido, prefieren pasar frío en una plaza antes que estar abrigados frente a la tele, y se alimentan de humo blanco con tal de no consumir “comida chatarra”.
Es así que mientras la vida transcurre, ellos permanecen al costado del camino.
Benedetti ya se ocupó de contestarles por nosotros: “…y te quedas inmóvil al borde del camino, y te salvas; entonces no te quedes conmigo”.
Esta moda ha traído aparejada la aparición de una actitud pseudo bohemia por parte de algunos que adolescen –aunque ya no están en edad para ello– de ideas claras respecto de sus metas en la vida y terminan creando una imagen de si mismos que apenas si pueden sostener ante sus propios ojos.
Combinan ropas sueltas que mezclan la cultura hindú, los colores del África negra, el look de desidia que impuso la industria textil norteamericana y algún resabio de las culturas precolombinas en los accesorios, que se destacan por encima de las John Foos que se fabricaron con trabajo infantil y explotación.
Ese es el ropaje apenas que recubre una personalidad extraviada, que se disfraza de pseudo bohemia; dicen vivir “colgados” para no asumir responsabilidades, se muestran despreocupados por la vida material mientras pregonan la transformación del mundo.
Una transformación a la que creen aportar corriéndose del sistema, mientras alimentan los circuitos de consumo con cuanta cosa les ofrece el mercado.
Están confundidos: dicen adorar a Haile Selassie como si se tratara de un líder revolucionario, sin saber nada de este déspota etíope que aseguraba sin tapujos que “un rey no debe Jamás lamentar el uso de la fuerza”.
La confusión parece la norma y la apariencia, la necesidad.
Hablan de libertad, de elecciones de vida, cuando son prisioneros de esa imagen que ellos mismos se han creado. No se permiten bañarse muy seguido, prefieren pasar frío en una plaza antes que estar abrigados frente a la tele, y se alimentan de humo blanco con tal de no consumir “comida chatarra”.
Es así que mientras la vida transcurre, ellos permanecen al costado del camino.
Benedetti ya se ocupó de contestarles por nosotros: “…y te quedas inmóvil al borde del camino, y te salvas; entonces no te quedes conmigo”.
Diálogo con Aníbal Ford: ¿Lo que no está en Internet no existe?
Aníbal Ford es escritor, director de la Maestría en Comunicación y Cultura de la UBA y uno de los investigadores más comprometidos que tiene la Argentina. Preocupado por desmitificar el concepto de la aldea global y de “la nueva sociedad de la información”, en sus últimas reflexiones denuncia la existencia de “una brecha digital” que está haciendo que “mucho de nuestra cultura, de nuestra historia, de nuestra memoria, haya sido borrado, está siendo o va a ser borrado”.
El hombre, sexagenario ya y con pelo blanco, entra a la impecable aula de Posgrado con una camisa leñadora que desentona con la formalidad de la mayoría de los presentes. Su relato es pausado, tranquilo y seguro, con una voz ronca producto de largos años de gritar en la nada las terribles consecuencias que la introducción de los avances tecnológicos están generando para la identidad cultural de los países de América Latina.
“La base de mi razonamiento –explica Aníbal Ford– es que mientras por un lado tenemos que investigar, rastrear, discutir, los cambios constantes de las nuevas tecnologías o los temas y problemas que generan, por otro debemos tener en cuenta que esta problemática es sólo parte de la cultura de un 10% o 15% de la población mundial. Que el resto, que el "rest of the world" como diría la revista Colors de Benetton/Mondadori, casi el 80% de la población mundial, no participa de estas preocupaciones o discusiones, salvo en los sectores económicamente más altos de los llamados eufemísticamente `países en vías de desarrollo´.
Digo esto en el marco de una brecha social, económica, pero también infocomunicacional y cultural que se ha duplicado en los últimos 30 años, con tendencia a seguir creciendo”.
La falacia de la democracia informativa
La profundidad de razonamiento de Aníbal Ford parece no tener límites. Relaciona los hechos más diversos con situaciones globales, y a la vez locales, que hoy forman parte de esta nueva “sociedad de la información”, señalada por muchos como el inicio de una “nueva era” (Tercera Ola, dirían los Toffler) que va a traer la solución a todos los problemas gracias a la democratización de la información.
Y aquí es donde rápidamente Aníbal Ford pone la mirada y da la puñalada que hiere de muerte a este paradigma: “la sociocultura de nuestro tiempo no puede explicarse sino se tiene en cuenta que las diversas "industrias de lo simbólico", de la informática a la producción audiovisual, constituyen uno de los ejes centrales de la masa crítica de la economía mundial. Y también uno de sus soportes: sin las llamadas nuevas tecnologías no podrían entenderse el complicado y oscuro juego del capitalismo financiero internacional. Como también las nuevas formas de control social, identificación y espionaje, ni la presencia de los "grupos de inversión" en la comunicación y la cultura contemporáneas que han dado una vuelta de tuerca a la transformación en mercancía de todo tipo de práctica social crítica.
Borrar nuestra cultura
Para Ford, “esta situación de América Latina es claramente crítica. Y se acentúa con la generalización del uso de las nuevas tecnologías en los sistemas escolares, laborales y e institucionales en general. La masa de software, de información, de sistemas que hoy mueve el mercado internacional desplaza, muchas veces groseramente, no sólo la cultura o la sociocultura de los países pobres (basta analizar una enciclopedia en CDRom para comprobar esto) sino los posibles y adecuados ingresos de las nuevas tecnologías en sus proyectos y sistemas de vida, en el perfil de –como diría Herbert Schiller– "la información socialmente necesaria" que necesitan para sobrevivir. Si "lo que no está en Internet no existe" como a veces dice el despiadado marketing de la red, la conclusión es que mucho de nuestra cultura, de nuestra historia, de nuestra memoria, de los conocimientos sobre nuestros recursos, de aquello que precisamos no sólo para recordar sino para salir de la crisis, ha sido borrado, está siendo o va a ser borrado. En que esto no suceda está el centro de nuestro trabajo. O de nuestra pelea”.
El hombre, sexagenario ya y con pelo blanco, entra a la impecable aula de Posgrado con una camisa leñadora que desentona con la formalidad de la mayoría de los presentes. Su relato es pausado, tranquilo y seguro, con una voz ronca producto de largos años de gritar en la nada las terribles consecuencias que la introducción de los avances tecnológicos están generando para la identidad cultural de los países de América Latina.
“La base de mi razonamiento –explica Aníbal Ford– es que mientras por un lado tenemos que investigar, rastrear, discutir, los cambios constantes de las nuevas tecnologías o los temas y problemas que generan, por otro debemos tener en cuenta que esta problemática es sólo parte de la cultura de un 10% o 15% de la población mundial. Que el resto, que el "rest of the world" como diría la revista Colors de Benetton/Mondadori, casi el 80% de la población mundial, no participa de estas preocupaciones o discusiones, salvo en los sectores económicamente más altos de los llamados eufemísticamente `países en vías de desarrollo´.
Digo esto en el marco de una brecha social, económica, pero también infocomunicacional y cultural que se ha duplicado en los últimos 30 años, con tendencia a seguir creciendo”.
La falacia de la democracia informativa
La profundidad de razonamiento de Aníbal Ford parece no tener límites. Relaciona los hechos más diversos con situaciones globales, y a la vez locales, que hoy forman parte de esta nueva “sociedad de la información”, señalada por muchos como el inicio de una “nueva era” (Tercera Ola, dirían los Toffler) que va a traer la solución a todos los problemas gracias a la democratización de la información.
Y aquí es donde rápidamente Aníbal Ford pone la mirada y da la puñalada que hiere de muerte a este paradigma: “la sociocultura de nuestro tiempo no puede explicarse sino se tiene en cuenta que las diversas "industrias de lo simbólico", de la informática a la producción audiovisual, constituyen uno de los ejes centrales de la masa crítica de la economía mundial. Y también uno de sus soportes: sin las llamadas nuevas tecnologías no podrían entenderse el complicado y oscuro juego del capitalismo financiero internacional. Como también las nuevas formas de control social, identificación y espionaje, ni la presencia de los "grupos de inversión" en la comunicación y la cultura contemporáneas que han dado una vuelta de tuerca a la transformación en mercancía de todo tipo de práctica social crítica.
Borrar nuestra cultura
Para Ford, “esta situación de América Latina es claramente crítica. Y se acentúa con la generalización del uso de las nuevas tecnologías en los sistemas escolares, laborales y e institucionales en general. La masa de software, de información, de sistemas que hoy mueve el mercado internacional desplaza, muchas veces groseramente, no sólo la cultura o la sociocultura de los países pobres (basta analizar una enciclopedia en CDRom para comprobar esto) sino los posibles y adecuados ingresos de las nuevas tecnologías en sus proyectos y sistemas de vida, en el perfil de –como diría Herbert Schiller– "la información socialmente necesaria" que necesitan para sobrevivir. Si "lo que no está en Internet no existe" como a veces dice el despiadado marketing de la red, la conclusión es que mucho de nuestra cultura, de nuestra historia, de nuestra memoria, de los conocimientos sobre nuestros recursos, de aquello que precisamos no sólo para recordar sino para salir de la crisis, ha sido borrado, está siendo o va a ser borrado. En que esto no suceda está el centro de nuestro trabajo. O de nuestra pelea”.
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