Gustavo Carbone, el último sabueso

Por Adrián Pino
Gustavo era de esos tipos que ya no quedan. Terco, persistente y, sobre todo, profundamente optimista. Así refundó uno de los medios de comunicación más plurales que hoy persisten en todo el periodismo argentino. Se fundió, se levantó, se volvió a tropezar decenas de veces y sin embargo nada pudo con su empeño y la pasión con que abrazó el periodismo.
Sabedor de los bueyes con los que araba, resistió los más duros embates: aprietes, represalias, intentos de "asfixia" económica con el jueguito de la pauta oficial y operaciones de toda cuantía. Aún en los momentos de mayor desesperanza, jamás perdió la lucidez ni bajó los brazos. Se mantuvo erguido, evitó arrodillarse y contestó con las mejores armas: la pluralidad, la apertura de micrófonos, la cesión de la palabra para decir con libertad, su bandera más preciada.
Emprendedor como pocos, sus ansias de consolidar un periodismo libre, soberano e independiente lo llevó a extender las fronteras de El Día más allá de lo imaginado, con la astilla que eso significaba para los que lo combatieron con ardides de baja estofa, con palos en la rueda, con chicanas que no hacían más que entusiasmarlo para redoblar los esfuerzos.
... El vacío es enorme, abismal. Pero en su partida nos dejó lo mejor de sus etapas: el entusiasmo de juventud (que lo acompañó hasta sus últimos días), la profunda vocación democrática que le demostró e inculcó a sus adversarios circunstanciales, y el ejemplo de una vida plena y sin medias tintas que nos contagió a quienes tuvimos el orgullo de compartir parte de sus días.
Se fue el último sabueso, aquel que gustaba olfatear donde hay que meter las narices, sin temor, con convicción y con pasión. Un periodista de raza al que nadie podrá decirle que alguna vez se hizo el distraído.
Taller de Periodismo y Derechos Humanos
“Los desafíos del Periodismo y la Escuela”
Con los talleres ya realizados en diferentes ciudades de la provincia, sigue adelante el Seminario-Taller "Periodismo y DDHH". Este año, la iniciativa que promueve la Subsecretaría de DDHH de Entre Ríos, pretende fomentar la capacitación y reflexionar junto a docentes y comunicadores acerca de la relación del periodismo con los Derechos Humanos.
El Seminario está a cargo del Licenciado Adrián Pino, jefe de redacción del Diario “El Día” de Concepción del Uruguay, quien aborda la relación de los medios de comunicación con la educación y la tutela de esos derechos. Este año, el Seminario está orientado al análisis de “los desafíos del periodismo y la escuela”, frente al actual mapa mundial de la información, la concentración de los medios y las nuevas formas de censura que impone el vigente sistema global, que afectan un derecho humano básico, fuente del ejercicio de otros derechos como es el acceso a la información.
A lo largo de este taller, ya son cientos los docentes y comunicadores que se capacitan en esta temática, pero fundamentalmente aportan sus propuestas y problemáticas locales referidas a la violación de los derechos humanos y el rol de los medios en cada comunidad.
Ya hay una extensa lista de actividades para el aula y los medios de comunicación que está siendo organizada por el capacitdor para conformar una base de información de acceso público que sirva de guía para docentes y comunicadores.
Por contactos e información: pinocomunicacion@gmail.com
Ser periodista
En la construcción de la escena pública, una noticia tapa a la otra, un escándalo esconde al anterior y una ola de nimiedades inunda toda la escena para ahogar las escasas miradas profundas que intentaron bucear en la realidad.
Gran Hermano, los bailes, el caño y la tele que habla de la tele operan permanentemente como disuasor de la mirada crítica. El ojo avizor queda envuelto en nubes y niebla que hace vizcosa la percepción de lo que ocurre.
Ser periodista implica luchar contra todo eso. Requiere molestar, investigar, denunciar, reflexionar, analizar e interpretar.
El trabajo es solitario, arduo, incómodo, pero necesario.
Porque el desconcierto que reina nos quita un poco de libertad. Equivocamos el rumbo, erramos el diagnóstico, perdemos de vista al enemigo y confundimos a nuestros carceleros.
Más que nunca necesitamos de los Walsh, los Urondo, los Conti y tantos otros que luchan en silencio y nos enseñan a desentrañar esa maraña que nos asfixia. Nos enseñan a no bajar los brazos frente a las tentaciones de la comodidad, nos enseñan a molestar, a incomodar.
Nos enseñan, sobre todo, que el periodista debe abandonar el lugar de la neutralidad para abrazar las banderas del compromiso.
Los pseudo bohemios
Esta moda ha traído aparejada la aparición de una actitud pseudo bohemia por parte de algunos que adolescen –aunque ya no están en edad para ello– de ideas claras respecto de sus metas en la vida y terminan creando una imagen de si mismos que apenas si pueden sostener ante sus propios ojos.
Combinan ropas sueltas que mezclan la cultura hindú, los colores del África negra, el look de desidia que impuso la industria textil norteamericana y algún resabio de las culturas precolombinas en los accesorios, que se destacan por encima de las John Foos que se fabricaron con trabajo infantil y explotación.
Ese es el ropaje apenas que recubre una personalidad extraviada, que se disfraza de pseudo bohemia; dicen vivir “colgados” para no asumir responsabilidades, se muestran despreocupados por la vida material mientras pregonan la transformación del mundo.
Una transformación a la que creen aportar corriéndose del sistema, mientras alimentan los circuitos de consumo con cuanta cosa les ofrece el mercado.
Están confundidos: dicen adorar a Haile Selassie como si se tratara de un líder revolucionario, sin saber nada de este déspota etíope que aseguraba sin tapujos que “un rey no debe Jamás lamentar el uso de la fuerza”.
La confusión parece la norma y la apariencia, la necesidad.
Hablan de libertad, de elecciones de vida, cuando son prisioneros de esa imagen que ellos mismos se han creado. No se permiten bañarse muy seguido, prefieren pasar frío en una plaza antes que estar abrigados frente a la tele, y se alimentan de humo blanco con tal de no consumir “comida chatarra”.
Es así que mientras la vida transcurre, ellos permanecen al costado del camino.
Benedetti ya se ocupó de contestarles por nosotros: “…y te quedas inmóvil al borde del camino, y te salvas; entonces no te quedes conmigo”.
Diálogo con Aníbal Ford: ¿Lo que no está en Internet no existe?
El hombre, sexagenario ya y con pelo blanco, entra a la impecable aula de Posgrado con una camisa leñadora que desentona con la formalidad de la mayoría de los presentes. Su relato es pausado, tranquilo y seguro, con una voz ronca producto de largos años de gritar en la nada las terribles consecuencias que la introducción de los avances tecnológicos están generando para la identidad cultural de los países de América Latina.
“La base de mi razonamiento –explica Aníbal Ford– es que mientras por un lado tenemos que investigar, rastrear, discutir, los cambios constantes de las nuevas tecnologías o los temas y problemas que generan, por otro debemos tener en cuenta que esta problemática es sólo parte de la cultura de un 10% o 15% de la población mundial. Que el resto, que el "rest of the world" como diría la revista Colors de Benetton/Mondadori, casi el 80% de la población mundial, no participa de estas preocupaciones o discusiones, salvo en los sectores económicamente más altos de los llamados eufemísticamente `países en vías de desarrollo´.
Digo esto en el marco de una brecha social, económica, pero también infocomunicacional y cultural que se ha duplicado en los últimos 30 años, con tendencia a seguir creciendo”.
La falacia de la democracia informativa
La profundidad de razonamiento de Aníbal Ford parece no tener límites. Relaciona los hechos más diversos con situaciones globales, y a la vez locales, que hoy forman parte de esta nueva “sociedad de la información”, señalada por muchos como el inicio de una “nueva era” (Tercera Ola, dirían los Toffler) que va a traer la solución a todos los problemas gracias a la democratización de la información.
Y aquí es donde rápidamente Aníbal Ford pone la mirada y da la puñalada que hiere de muerte a este paradigma: “la sociocultura de nuestro tiempo no puede explicarse sino se tiene en cuenta que las diversas "industrias de lo simbólico", de la informática a la producción audiovisual, constituyen uno de los ejes centrales de la masa crítica de la economía mundial. Y también uno de sus soportes: sin las llamadas nuevas tecnologías no podrían entenderse el complicado y oscuro juego del capitalismo financiero internacional. Como también las nuevas formas de control social, identificación y espionaje, ni la presencia de los "grupos de inversión" en la comunicación y la cultura contemporáneas que han dado una vuelta de tuerca a la transformación en mercancía de todo tipo de práctica social crítica.
Borrar nuestra cultura
Para Ford, “esta situación de América Latina es claramente crítica. Y se acentúa con la generalización del uso de las nuevas tecnologías en los sistemas escolares, laborales y e institucionales en general. La masa de software, de información, de sistemas que hoy mueve el mercado internacional desplaza, muchas veces groseramente, no sólo la cultura o la sociocultura de los países pobres (basta analizar una enciclopedia en CDRom para comprobar esto) sino los posibles y adecuados ingresos de las nuevas tecnologías en sus proyectos y sistemas de vida, en el perfil de –como diría Herbert Schiller– "la información socialmente necesaria" que necesitan para sobrevivir. Si "lo que no está en Internet no existe" como a veces dice el despiadado marketing de la red, la conclusión es que mucho de nuestra cultura, de nuestra historia, de nuestra memoria, de los conocimientos sobre nuestros recursos, de aquello que precisamos no sólo para recordar sino para salir de la crisis, ha sido borrado, está siendo o va a ser borrado. En que esto no suceda está el centro de nuestro trabajo. O de nuestra pelea”.
El Tesista frente al espejo
"Uno no es el mismo luego de hacer una tesis. El trabajo del tesista es, en buena medida, un trabajo sobre uno mismo, sobre los propios modos de conocer y de abordar la realidad. De una tesis de doctorado uno sale transformado, cambiado en sentidos que trascienden lo puramente profesional. A medida que avanza, uno va modificando su modo de construir ideas acerca de esa realidad próxima sobre la que ha decidido indagar. Constata, por ejemplo, que el conocimiento se produce en un diálogo con otros, que la escritura inscribe el saber en una nueva dimensión y que hay en este proceso una suerte de ritual iniciático".(ver más...)
Para bajar el texto completo en PDF: http://www.educared.org.ar/biblioteca/coordenadas/files/romero.pdf
Educación: La aceptación de la incertidumbre
La educación enfrenta hoy la tarea de actualizarse o perder toda significación en el contexto social. Los profundos cambios en los modos de operar con la información, han generado a su vez transformaciones profundas en los modos de operar con el conocimiento, lo cual conduce a un replanteo de las competencias básicas en educación.
Al profundizar en el significado del concepto de competencia se puede concluir que es el conjunto de habilidades y destrezas que posibilitan la acción en un amplio espectro de situaciones.
Edward De Bono, en su libro sobre el pensamiento lateral, habla de lo que él llama “estructuras de pensamiento” : estructuras organizativas diseñadas para ayudar a pensar y que se articulan perfectamente con las estrategias de pensamiento.
La enseñanza basada en el desarrollo de competencias, se fundamenta en un perfil terminal de alumno, precisado en términos de capacidades logradas, a fin de discernir qué selección de contenidos y de experiencias de aprendizaje y producción personal, son pertinentes.
Podemos usar nuestra capacidad natural de pensamiento, y nos será útil ; pero si creamos esquemas, métodos , habilidades y destrezas podremos hacerlo mucho mejor.
Actualmente existe una dicotomía entre las tecnologías de avanzada y el modelo educativo, lo que genera el llamado síndrome U.S.Te.D.
Uso
Subdesarrollado
Tecnologías
Desarrolladas
Se hace entonces indispensable un modelo educativo superador, basado en el desarrollo de competencias para interactuar con las nuevas tecnologías.
En Paraná se desarrolló el Seminario sobre La influencia de los medios en la Op. Pública
Licenciado en Comunicación Social (Universidad Nacional de La Plata)
Posgraduado en Opinión Pública y Medios de Comunicación (FLACSO)
Titular de la Cátedra de Opinión Pública de la Licenciatura en Periodismo (UCU)
El licenciado Adrián Pino dictó el lunes 13 de agosto en Paraná, el seminario-taller que congregó a estudiantes de comunicación social, relaciones públicas y periodistas para analizar y debatir el rol que desempeñan los medios en la conformación de la opinión pública.
"Los ciudadanos no tienen otra fuente para informarse que los medios. La idea es revisar esos conceptos que están dando vuelta en los medios de comunicación diariamente, y que hacen que efectivamente la gente se vea influenciada a opinar no solo respecto de qué decir frente a algunos temas, sino –sobre todo– de qué temas hablar", dijo Pino.
Según el disertante, "lógicamente hay un grado de autonomía, pero depende mucho de la incidencia que tengan otros factores de formación como puede ser la educación".
El desafío del encuentro fue "conocer los mecanismos de construcción de consensos en la etapa de globalización, caracterizada por la fuerte presencia de los medios de comunicación como los principales constructores de sentido".
El concepto y valor de la opinión pública, los medios y la cultura, el discurso político, la videopolítica, los procesos de representación de la sociedad posmoderna, los sondeos de opinión y sus cuestionamientos, la concentración de los medios y la homogeinización informativa fueron algunos de los temas que se abordaron y debatieron con un activo rol de los asistentes.
Organizado por House-organDemasiado agasajados
Independientemente de la posibilidad de debatir acerca de la tarea periodística, a veces confundida con el mero hecho de trabajar en un medio de comunicación, es llamativo el auge que ha tomado esta práctica entre las más diversas instituciones.
Es público y notorio que la actividad periodística tiene una estrecha relación con el éxito o el fracaso de los más diversos emprendimientos.
Tal vez sea esa la explicación de tanto agasajo. Hay, en ello, saludos sinceros y velados intentos de cooptar la conciencia de los periodistas para mejorar la imagen de funcionarios, gobiernos, empresas, instituciones.
Tal vez no haya sido acertado que el periodismo participe de un almuerzo convocado por el gobierno municipal, que se pagó con dinero de todos los contribuyentes.
Sobre todo cuando uno se pregunta, ¿por qué el gobierno comunal no invita a un almuerzo a los estudiantes en su día, a los trabajadores, a los propios empleados municipales, a los maestros, a los padres?
Pero a no confundirse. Esa pequeña desviación a la que todos –o casi todos, para ser justo– nos vimos tentados no modifica en absoluto el compromiso con la tarea y la búsqueda de la verdad. La aclaración parece evidente, pero sin embargo no lo es para los propios interesados que a veces pergeñan pequeños privilegios para tratar de comprar una opinión favorable o, lo que es peor, un silencio cómplice.
El trabajo del periodista está mal pago. Los dolores de cabeza son más habituales que los reconocimientos. Y el terreno es propicio para aflojar a las tentaciones.
Por eso hay mercenarios dentro de la actividad, y hay muchos otros que se ven obligados a conducir un remis, otros que realizan tareas administrativas, hay periodistas que venden ropa. Alcanzan los dedos de una mano para contar los periodistas que viven de su profesión.
Poca gente lo sabe. Por eso en estos tiempos, en esta ciudad, dedicarse al periodismo tiene mucho más de apostolado que de rédito.
Un pequeño clic en alguna cabeza alcanza para saber que se ha cumplido con la tarea, aunque ello haya significado perder horas de sueño, correr entre un trabajo y otro, o resignar calidad de vida por abrazar esta profesión.
Gran Hermano: la televigilancia
En el régimen panóptico, la vigilancia se convierte en autovigilancia, ya que no hay dónde ocultarse, y la “dictadura de la mirada” controla todo espacio público o privado. Una sociedad vigilada es la que ve paradójicamente su espacio público disociado, convertido en escenario de detección, y su anonimato urbano invadido por una mirada permanentemente vigilante, la calle como lugar de observación controlada, como espacio de control. Las grandes ciudades pierden aceleradamente el espacio público como espacio de libertad.
La experiencia de ser vigilado, adquiere diversos términos: videogilancia, “vigilancia universal”, televigilancia, telepresencia o videopresencia, videoscopía, o maquinaria de la visión, vigilancia total, es decir: “todos aquellos aspectos en los que se manifiesta la gran escalada sociológica de las máquinas de vigilancia y visión electrónicas”.
¿Viola esta maquinaria de la visión y vigilancia las libertades y derechos humanos fundamentales? Los programas de reconocimiento de rostro en Estados Unidos generan 1000 falsas alarmas por cada terrorista que detectan. Cada error mina la libertad de tránsito de los ciudadanos de esta forma vigilados.
Gran hermano: la vigilancia como experiencia cultural
La historia de la vigilancia no corresponde precisamente a la historia de los cambios tecnológicos, que reducen el impacto del tiempo y el espacio en la interacción humana, sino a los cambios organizativos sociales, retomando a M. Shudson (1993: 225-226). El efecto directo de una nueva tecnología en la vigilancia, se realiza en las pautas de como se organiza y coordina la institucionalización y la legalización del la información de control social.
De esta forma, la vigilancia electrónica y la imagen de la vigilancia digital imponen unas pautas de organización y coordinación espacio-temporal y discursivas que son caracterizadas por la interactividad, la acumulación de información, la vigilancia directa-indiciaria, la virtualización, y la contingencia o el “tiempo real”. La vigilancia electrónica es un fenómeno que se construye socialmente y en la trama del tiempo y el espacio se organiza política, cultural, visual y lingüísticamente, y no sólo tecnológica y conceptualmente.
Los reality shows son parte de esta creciente implementación cultural de una práctica de tele-vigilancia, inducida mediante la televisión en formato de concurso y que trivializa el trasfondo totalitario, que tiende a la invasión de la privacidad humana, la conversión del espectador en vigilante, la pérdida de la identidad personal y social, las sustitución de un sujeto por su sola imagen, y un atentado contra las libertades y derechos humanos fundamentales.
La vigilancia electrónica no está exclusivamente condicionada por el avance de las nuevas tecnologías digitales de la imagen, y de otros sistemas de registro electrónico, sino por la capacidad que tengan estas nuevas tecnologías para posibilitar la detección, en la interacción y relación de intercambio de conocimiento entre personas, con una tendencia invisible y radicalmente totalitaria…
Por Jacob Bañuelos
La inseguridad en Argentina, tema de estudio en EEUU
Movilizaciones, piquetes, cortes de puentes internacionales y casos de gatillo fácil son algunos de los episodios que trascienden en el exterior. Los noticieros en EEUU difunden estas imágenes como si se tratara de situaciones “normales” en países del subdesarrollo. En la charla cotidiana, muchos ciudadanos estadounidenses consideran que estas son tierras “peligrosas e inseguras”, y muchos desisten de viajar a la Argentina por estos mismos motivos.
Si bien estos preconceptos son moneda corriente –con cierto asidero en nuestra realidad–, el ámbito universitario explora el fenómeno desde una perspectiva más integral.
Nuestra inseguridad, desde EEUU
En los pasillos de la Universidad de Texas Tech, el profesor Neil Pearson recorre la biblioteca, Internet y sus archivos de los viajes que ha hecho a Argentina para avanzar en su trabajo de investigación sobre la inseguridad en nuestro país. El foco del análisis está centrado en los casos de Mendoza, Corrientes, Neuquén y Salta donde se han impulsado algunos intentos de reforma del sistema de seguridad y la estructura policial, en coincidencia con la existencia de varios casos de corrupción y gatillo fácil.
El profesor Pearson habla de Argentina con conocimiento de causa. Sabe de la alineación del gobernador Cobos (Mendoza) con la política “K”, conoce las raíces del enfrentamiento de Sobisch (Neuquén) con el presidente Kirchner y tiene muy presente la herencia que dejó la dictadura en las fuerzas de seguridad.
En un castellano duro que se mezcla con algunas palabras del inglés, este investigador repasa en su trabajo las reformas establecidas por el gobierno de facto de Onganía a partir de 1966 con la “nacionalización” de las fuerzas de seguridad y un control más directo desde el Poder Ejecutivo, en un esquema que declaraba como objetivo “profesionalizar” a las fuerzas de seguridad del país. En ese contexto, el documento considera que ese intento de profesionalización creó una subcultura militar inspirada en la Doctrina de Seguridad Nacional que preparaba a las fuerzas para la lucha contra la subversión.
El trabajo del profesor Pearson y sus asistentes del departamento de Ciencias Políticas agrega que el proceso de democratización que se abrió en Argentina desde 1983 hizo varios esfuerzos por modificar esta estructura represiva. Sin embargo, a pesar de esos intentos en el borrador de su tesis a la que tuvo acceso el equipo de El Día, el profesor Pearson señala que el 57 por ciento de las víctimas en Argentina no denuncian los hechos delictivos a la policía porque la consideran “ineficiente”, “una pérdida de tiempo” o porque “no sirve para nada” (Fuente: “La nueva mayoría”). También recuerda que en diciembre de 1998, el 27 por ciento de los habitantes del Gran Buenos Aires habían sido víctimas de algún delito.
En su investigación, Neal Pearson analiza las reformas impulsadas por las políticas públicas en materia de seguridad posteriores a la crisis de 2001 en algunas provincias argentinas y las modificaciones que trataron de establecerse en la estructura de la policía. En una apretada síntesis de un trabajo que aún no está terminado, este docente emérito de la Universidad de Texas Tech concluye que la reforma que impulsó una nueva estructura en las policías locales sólo agrandó la estructura burocrática y creó lo que el investigador denomina “policías de escritorio” en desmedro de “los policías de calle”. El temor a la policía por parte de los ciudadanos y la desconfianza que reina hacia la autoridad policial en nuestro país es el punto más sobresaliente y más difícil de comprender para los habitantes de EEUU, que aún confían en sus agentes de seguridad.
The Independence day
Desde aquel empréstito que tomamos con la Baring Brothers durante la presidencia de Bernardino Rivadavia, en adelante, la enajenación de los bienes nacionales ha sido permanente.
Les permitimos a los capitales ingleses que inviertan en sectores claves de nuestra economía, que luego nacionalizamos y privatizamos nuevamente pocas décadas más tarde.
El ferrocarril que imaginó Scalabrini Ortiz sirvió a los fines del desarrollo nacional hasta que los compromisos externos asumidos fueron generando las condiciones para que vuelva a manos privadas, con la desaparición de ramales, despidos masivos y la destrucción de uno de los pilares de la economía nacional.
Las reservas petroleras, en manos españolas, brasileñas y holandesas.
Los recursos naturales, en especial el agua, con fuertes inversiones de capitales extranjeros (principalmente de EEUU) que compran nuestras tierras en zonas estratégicas de acceso a los lagos o el Acuífero Guaraní.
Los bancos, a excepción de unos pocos amigos del gobierno, controlados por capitales transnacionales que ya demostraron en 2001 que son capaces de vaciar al país en unas pocas horas y producir una corrida de depósitos que nos pone al borde de la fractura financiera.
Los hipermercados, pese a don Coto, se concentran en manos de la francesa Carrefour y la norteamericana Wall Mart, comiéndose a los hermanos menores como Norte, Casa Tía y los cientos de supermercados y almacenes que han debido cerrar sus puertas.
El payaso de Ronald Mc Donald y sus hamburguesas, junto a Burger King, avanzan sobre nuestros hábitos alimentarios y costumbres, matando la sobremesa, despersonalizando los espacios a cambio de una estética fría que se repite por el mundo.
Por si fuera poco, la industria cultural se ha devorado nuestra producción: el cine repite la vertiginosidad de Hollywood, la tele compra formatos extranjeros y exporta latas que imitan esa misma línea de trabajo, y nos pasamos mirando “Gran Hermano” mientras el ojo avizor nos controla desde los satélites.
A tal punto llega nuestra dependencia en ciertas áreas que hasta para contar nuestras vacas tenemos que pedir ayuda o –peor– permiso al señor Gallup y otras agencias internacionales. Es que son ellos los que tienen la capacidad tecnológica para seguir de cerca la evolución de nuestra hacienda y nuestros campos, en un espionaje que sin duda permite predecir lo que puede ocurrir con los precios internacionales.
Ese es el presente. Vale la pena entonces evaluar qué es lo que se conmemora este 9 de julio.
El periodismo norteamericano y la libertad de prensa
EEUU - Enviado especial
El territorio está impregnado por las huellas de la familia Bush. En los hogares del sur oeste de los EEUU es habitual encontrar la foto de los Bush en los portaretratos de la casa. Ya sea el propio George W. (o Bush 43 como lo llaman los norteamericanos para diferenciarlo de su padre que fue el presidente número 41) o la foto de su esposa Laura, el matrimonio del partido Republicano ocupa un lugar central en la vida de estas familias. El millonario negocio del petróleo que manejan los Bush y la impronta conservadora que siempre caracterizó al suroeste transforman a West Texas en tierra fértil para los votos republicanos. Sin llegar a los extremos, puede decirse que ser Demócrata es difícil por estos lares.
Los medios de comunicación acompañan esta forma de ser. Los editores de los diarios con los que me he entrevistado en todos estos días, reconocen en voz baja que hay muchas cosas que les gustaría cambiar en sus periódicos, pero los prejuicios y el conservadorismo de los lectores son argumento suficiente para dejar las cosas como están.
Los tabúes llegan a tal punto que las fotos de las bellas mujeres del carnaval en las páginas de El Día disparan el mismo comentario por parte de los diversos periodistas estadounidenses que han visto el diario: “nosotros no podemos publicar fotos como éstas”, aseguran. “La gente es muy moralista y si publicamos una foto de mujeres ligeras de ropa, inmediatamente tendríamos cientos de lectores que suspenderían la suscripción”, argumenta Terry Grinberg, editor jefe del Avalanche Journal, un diario de la ciudad de Lubbock que tiene una tirada diaria de 25 mil ejemplares.
La cotidianeidad del diario
Son las once de la mañana. Los jefes de sección suspenden sus tareas en el diario y se sientan en la mesa de reuniones. Llegan los jefes de Deportes, Fotografia, Diseño, Lifestyle, Noticias, el editor y el responsable de la edición digital del diario. Café de por medio, el editor pide las primeras impresiones a cada uno para la portada del día siguiente. Por turnos, van explicando sus historias más importantes, los puntos no resueltos y la agenda para el resto del día, que podría aportar nuevas noticias. Todo está escrito en un borrador del que todos tienen copia, preparado por el jefe de redacción con el aporte de cada una de las secciones en las primeras horas de la mañana. Se discuten algunas historias, pero rápidamente queda claro aquel día que las consecuencias de los tornados en la zona tendrán el lugar principal de la tapa del día siguiente.
Igualmente a las 3 de la tarde habrá una segunda reunión. Ahí los temas ya están prácticamente definidos, y sólo se hacen algunos ajustes y anotaciones a los pedidos del diagramador y los periodistas, que avisan de algunas fotografías que necesitan para ilustrar sus notas.
Todo es rápido y ejecutivo. Nada de largas discusiones u opiniones encontradas: los criterios parecen claros. La reunión no dura más de 30 minutos. Cada uno vuelve a su lugar de trabajo y fin de la historia.
Independencia de criterio
En el trabajo diario, las diferencias con lo que ocurre en las redacciones de los diarios del interior de la Argentina son mínimas: una mejor organización de las áreas, separación absoluta entre el departamento comercial de los diarios y el área de noticias. Terry Grinberg, editor del Avalanche Journal, afirma que las relaciones comerciales no inciden “en lo más mínimo en las decisiones editoriales”. Y en la práctica, estos preceptos se cumplen. En las reuniones diarias que se mantienen para definir los temas del día siguiente, la única área que no participa es justamente el departamento comercial. La distribución de los espacios dentro de las redacciones de los diarios colabora con esta distancia, ya que generalmente el piso inferior o el área más cercana al ingreso a los edificios está destinada al departamento de ventas.
Igualmente, vale una aclaración. El departamento de ventas es el más importante en todos los diarios. Generalmente se destina toda una planta para quienes trabajan en el área, tienen un diseñador gráfico que trabaja especialmente en el diseño publicitario y revisa los originales que mandan las agencias. Otro dato importante: el área comercial tiene prioridad al momento de ocupar espacio en las páginas de los diarios: “se diagraman todos los espacios publicitarios, y a la mañana temprano nos avisan cuánto espacio queda disponible para las noticias”, cuenta Terry Grinberg del Avalanche Journal de Lubbock.
En la tarea diaria, los fuertes cambios climáticos y los deportes son los únicos asuntos que rompen con la rutina y alimentan la circulación de los diarios locales, que tienen un fuerte arraigo en cada una de sus comunidades. La estabilidad económica, una vida planificada y una bajísima desocupación del 3 o 4 por ciento le dejan poco que hacer al periodismo local.
Artículo completo en: http://www.eldiadegualeguaychu.com.ar/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=21806&Itemid=14
La silla vacía
Las reformas de mercado y el triunfo del capitalismo a escala global profundizan este acto de desacralización y pulverizan los cimientos que sostenían la autoridad, a partir de nuevas operaciones de representación que desvinculan lo simbólico y lo real.
La figura del Padre –el efecto de legitimación que producía el Nombre-del-Padre– ha declinado ante el avance del discurso capitalista posmoderno del fin de los grandes relatos, del fin de la Historia. Como sostiene Silvia Ons[1], “el discurso del amo es sustituido por el discurso capitalista, y el poder preformativo de la palabra encarnada en el significante amo es relevado por la tecnocracia como nueva fuente de poder”: los términos Globalización, Democracia, Mercado en sus acepciones actuales se enmarcan en estas operaciones ideológicas que licuan los sentidos políticos para convertirlos en significantes vacíos, a través de lo que Guy Debord denominó “operaciones tecno-estéticas”.
En este esquema, el mundo de los simulacros globalizados –posible gracias a los nuevos soportes tecnológicos– ha consolidado una noción de autoridad “no autorizada”. Desautorizada, según Claude Lefort, por el advenimiento de las democracias de mercado que convierten el lugar de poder en un lugar vacío y, en ese horizonte, quien quiera ocuparlo se transforma automáticamente en usurpador.
[1] Silvia Ons, “El cinismo posmoderno en tiempos de la expropiación de lo real”.